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Los conservadores

Perú: continuidad y crisis del pensamiento económico conservador

Perú: continuidad y crisis del pensamiento económico conservador
Complemento del sujeto | Collage de Ivo Urrunaga

El Perú llega al siglo XXI sin resolver sus viejos problemas económicos estructurales y en plena crisis del neoliberalismo a nivel mundial. La crisis económica y financiera de 2008-2009, la más profunda de los últimos ochenta años, ha revelado la incapacidad de las economías del centro de recuperarse y crecer de manera sostenida. Las bajas tasas de crecimiento y el estancamiento de la productividad en Estados Unidos y Europa y la desaceleración del crecimiento de China, han configurado un contexto externo adverso para los países en desarrollo que, como el nuestro, optaron por un estilo de crecimiento primario exportador desde la mundialización del neoliberalismo en la década de 1980.

El momento actual de cuestionamiento del modelo neoliberal, es, por sus consecuencias, parecido al que se configuró en los años 1980, cuando la crisis internacional de los años 1970 y la crisis de la deuda externa de 1982 terminaron con los intentos de endogenizar el crecimiento económico. Hubo otros dos momentos que abrieron la posibilidad de redefinir la relación de la economía peruana con la economía internacional que fue impuesta durante la primera crisis del capitalismo de los años 1873-1896. El continuo desarrollo industrial de Estados Unidos y Europa configuró, a fines del siglo XIX, una división internacional del trabajo en la que los países de escaso desarrollo como el nuestro —que contaban con abundantes recursos naturales— se incorporaron como compradores de sus productos manufacturados y abastecedores de materias primas. Esos otros dos momentos fueron, primero, el período que cubre la primera guerra mundial y la gran depresión del año 1929 cuya secuela se prolongó durante los años treinta y, segundo, los años de la segunda guerra mundial y posteriores a ella.

El Perú mantuvo su papel de productor de materias primas durante cerca de 150 años desde fines del siglo XIX, no obstante haber ocurrido cambios dramáticos en el escenario internacional que no fueron aprovechados para redefinir el estilo de crecimiento por las élites de poder económico practicantes de un pensamiento conservador defensivo y oportunista.

El crecimiento primario exportador de 1895-1939

Durante el período 1895-1939 no hubo cambios sustanciales en la estructura productiva ni en el poder ni en el pensamiento conservador de la oligarquía agroexportadora.

Terminando la década de los años 1930, la agricultura —dominada por los latifundios algodoneros y azucareros—explicaba el 36.4% del PBI y el 62.5% del empleo. Los servicios (en el que se incluye el comercio) explicaban el 33.3% del PBI y el 18.5% del empleo. Ambos sectores eran dominantes en la generación del PBI (69.7%) y del empleo (81.0%); este último de baja calificación y de bajos ingresos. La minería, que junto con la agro-exportación conectaba la economía con el resto del mundo, explicaba el 19.3% del PBI y solo el 1.8%% del empleo. Esta economía primario exportadora operaba como enclave pues no integraba ni a la demografía ni a la geografía del país, por lo que gran parte del empleo y de la producción provenía de lo que Matos Mar llama el Otro Perú, «agrario y rural, pobre y precario».

En este período ocurren varios eventos internacionales: la primera guerra mundial; el abandono del patrón oro entre 1914 y 1925; la revolución bolchevique de 1917 y el desarrollo de un sistema económico estatista; cuatro grandes hiperinflaciones en Europa; el retorno al patrón oro en 1925 y su posterior abandono en 1930; la gran depresión de 1929 y su recuela recesiva y de desorden monetario durante los años 1930; y, la aparición del totalitarismo nazi y fascista.

Este escenario internacional de crisis del capitalismo autorregulado, repercutió en las economías periféricas como la peruana generando un temor en los grupos de poder económico. Propietarios de haciendas —como Pedro G. Beltrán— que concentraban la propiedad de la tierra y nunca se preocuparon de crear mercados internos, reaccionaron como defensores del mercado libre, de la “libertad” individual y de la democracia.

El crecimiento primario exportador de 1940-1975

El escenario externo cambia el año 1939. Empieza la segunda guerra mundial (1939-1945). En 1944 se crea en Bretton Woods el sistema monetario internacional caracterizado por: el establecimiento del tipo de cambio fijo a 35 dólares la onza de oro, la libre convertibilidad del dólar en oro, la fijación del resto de monedas al dólar y su modificación en situaciones de crisis de balanza de pagos, el establecimiento de controles al movimiento de capitales y la supervisión de la estabilidad monetaria por parte del FMI —creado en esa reunión. La vigencia de este sistema terminó en 1973.

El período 1945-1973 fue de alto crecimiento económico y de bajas tasas de desempleo en los países industrializados. Fue el período del consenso keynesiano que le otorgó al Estado un doble papel: velar por los equilibrios macroeconómicos y corregir las injusticias sociales ocasionadas por el funcionamiento del mercado. El objetivo era lograr altos niveles de empleo y asegurar que la democracia no colisione con el mercado.

¿Por qué este nuevo escenario internacional, mucho menos incierto que el anterior, no estimuló un pensamiento renovador en los grupos de poder económico y político? ¿Fue su convicción ideológica neoliberal que les impidió ver la necesidad de transformaciones a tono con el consenso keynesiano? De un comportamiento conservador-defensivo, pasaron a un comportamiento conservador-oportunista, con relativa indiferencia a los conflictos sociales. Desde el centro, con la creación del programa de ayuda económica denominado Alianza para el Progreso (1961-1970), se urgía llevar a cabo una reforma agraria para mejorar la distribución el ingreso, eliminar el analfabetismo, estabilizar los precios, introducir un sistema de planificación económica y social, y establecer gobiernos democráticos para salir del subdesarrollo.

Los gobiernos de Belaúnde (1963-1968) y de Velasco (1968-1975), a diferencia de los anteriores, fueron los únicos que intentaron endogenizar el crecimiento económico.

El gobierno Belaúnde, aunque no pudo llevar adelante la Reforma Agraria por la oposición de coalición APRA-UNO a la afectación de los grandes latifundios, adoptó políticas industrialistas al amparo de la ley de industrialización de 1959. Pero, creó una industria fuertemente dependiente de tecnología e insumos importados, y de la inversión extranjera. El presidente Belaúnde fue destituido con un golpe de Estado liderado por el General Juan Velasco Alvarado en medio del escándalo que se desató luego de la firma del Acuerdo con la IPC en octubre de 1968.

El gobierno de Velasco emprendió un conjunto de reformas orientadas a reducir la dependencia externa de la economía, los desequilibrios sectoriales, las desigualdades de ingresos y a modernizar la infraestructura social. Entre estas reformas destaca la reforma agraria porque puso término a una estructura social y política discriminatoria y dio inicio a un proceso —que aún no termina— de integración y de democratización de la población rural y campesina. La larga fusión oligárquica de la economía con la política —que practicaron los latifundistas, una de las clases más poderosas del país— se interrumpió con el gobierno de Velasco.

Pero, este gobierno, al igual que los anteriores, adoptó un estilo de crecimiento primario exportador, no obstante haber emprendido un proceso de industrialización más intenso que el del gobierno de Belaúnde. En realidad, el proyecto de modernización económica e industrial velasquista fracasó porque no creó mercados internos dinámicos, mantuvo el atraso de la agricultura rural y descuidó la articulación de la economía con la demografía y la geografía del país. La crisis de 1976-1990 evidenció la inviabilidad de la reproducción, a niveles más elevados, del modelo sustitutivo llevado a cabo en el país. La crisis se inició en 1975con la más importante crisis de balanza de pagos de la segunda mitad del siglo XX: el déficit de la cuenta corriente alcanzó la cifra récord de 11.6% del PBI.

Neoliberalismo y Modernización conservadora 1980-2018

Es importante mencionar que el gobierno de Velasco se inició en un entorno internacional adverso. Entre 1971 y 1973 se desmanteló el orden monetario internacional de Bretton Woods y en 1973 se inició la crisis del petróleo con la elevación de sus precios. Este shock de oferta deprimió la economía internacional, al mismo tiempo que aceleró la inflación en casi todas las economías del mundo. La consecuente estanflación fue utilizada para denostar contra la intervención keynesiana en la economía para corregir las injusticias sociales que genera el mercado.

Se impuso en los países industrializados la ideología del mercado autorregulado después de la elección de Ronald Reagan como presidente de los Estados Unidos en 1980 y con la elección de Margaret Thatcher como primera ministra en 1979. Ambos rechazan la intervención del Estado y promueven el individualismo. Esta ideología se extiende a casi todos los países del mundo luego de la caída del Muro de Berlín en 1989.

Los gobiernos del período 1976-1990 —el de Morales Bermúdez y el segundo gobierno de Belaúnde—, aplicaron las conocidas políticas fondomonetaristas para combatir la inflación y superar el desequilibrio externo. Ambos iniciaron el desmantelamiento de las reformas emprendidas por el gobierno anterior. En 1982 estalló la crisis de la deuda externa. La crisis económica hacía imposible pagar los servicios de la deuda que había crecido en la década anterior. El gobierno de Alan García quiso apartarse de la orientación fondomonetarista para estabilizar la inflación y pagar la deuda externa. Aumentaron las presiones inflacionarias, creció en déficit fiscal y en 1988 se produjo otra crisis de balanza de pagos. El manejo irresponsable de la economía derivó en una hiperinflación que junto con el terrorismo que apareció a inicios de la década, les abrieron la puerta a las reformas neoliberales.

Para hacer posible la incorporación de economía a la globalización neoliberal, la administración norteamericana propuso a los países deudores la ejecución del Plan Baker (1985) con el objeto de generarles liquidez siempre y cuando adoptaran políticas de libre mercado. Poco se avanzó con este plan. Le siguió el Plan Brady (1989) cuyos objetivos eran disminuir el valor nominal de la deuda, reducir su servicio y proporcionar préstamos, pero siempre que se adoptaran los programas patrocinados por el FMI y el BM. Con la crisis de la deuda estas instituciones institucionalizaron el llamado Consenso de Washington (1989) o paradigma del mercado libre y de la eliminación de la intervención del Estado.

A nivel de las relaciones con el resto del mundo, optar por el mercado autorregulado implicaba insertarse a la economía mundial sin protección ni controles al flujo de bienes y capitales. Y, a nivel interno suponía la privatización de las empresas públicas, la modificación de la legislación laboral (huelgas, despidos, negociaciones, etc.) para flexibilizar el mercado de trabajo, el desarrollo del mercado de tierras y la apertura sin restricciones a la inversión extranjera, entre otras medidas.

El gobierno de Fujimori (1990-2000) inició la aplicación de este programa neoliberal reprimarizando la economía. La economía creció en los años 1993-1995 y 1997, estimulada por la recuperación de la economía internacional y la mejora de los términos de intercambio, pero con recurrentes déficits en la Cuenta Corriente y en la Balanza Comercial (en 1995 estos déficits ascendieron a 9.0% y 4.4% del PBI, respectivamente).

La globalización neoliberal fue remecida por primera vez con la crisis asiática y rusa de 1997-1998; y, con la crisis de 2008-2009 la era neoliberal parce haber entrado a su fase terminal. El crecimiento de las economías desarrolladas y de la economía china de comienzos de este siglo, generó un entorno favorable al crecimiento de economías como la nuestra. La tasa de crecimiento en el periodo 2001-2013 —incluyendo la caída del crecimiento en 2009 debido a la crisis internacional— fue de 6.1% promedio anual. Con el actual estancamiento de la economía internacional y el posterior deterioro de los términos del intercambio, la tasa de crecimiento del periodo 2014 a 2018 fue de solo 3.2% anual.

A modo de conclusiones

La persistencia del pensamiento conservador en las élites de poder (que controlan los medios) se expresó en el mantenimiento del estilo primario exportador en distintos escenarios económicos y políticos externos. En casi tres décadas de neoliberalismo cambió radicalmente la estructura productiva registrada en 1973, haciéndola menos industrial y agrícola, y más productora de servicios de baja productividad y donde se concentra el empleo predominantemente de baja calificación y bajos ingresos. También aparecieron, desde comienzos de este siglo, nuevos latifundistas principalmente en la costa que se oponen a toda regulación del tamaño de sus propiedades. La concentración no es un tema que haya preocupado a los neoliberales de ayer y de hoy.

Se produjo un retorno a la estructura de inicios de la segunda mitad del siglo XX, pero con una fuerte caída en la participación de la agricultura en la generación del PBI, y el aumento de la participación del sector servicios. Estos dos sectores participaron en la generación del PBI y del empleo de 1950 con el 72.2% y 82.2%. El año 2018 se registraron porcentajes parecidos: 68.2% y 81.8%, respectivamente. Disminuyó la participación de la agricultura en el PBI y en el empleo, mientras aumentó la participación del sector servicios. Creció la participación de la minería en la generación del PBI de 10.3% en 1950 a 13.2% en 2018; mientras la participación de la industria manufacturera (12.7%) retornó a un porcentaje similar al registrado en 1950 (13.8%).

Pero el neoliberalismo no solo dañó la economía y capacidad productiva para el mercado interno. También dañó las instituciones. Quizás sería mejor decir que fortaleció a las instituciones extractivistas, que favorecen el rentismo y la ausencia de innovación, que debilitan la democracia y facilitan la corrupción. Son instituciones que acompañan al extractivismo económico. Con el apogeo neoliberalismo, lo público fue sustituido por lo privado y el interés común por el individualismo. Así el camino hacia la corrupción de las élites del poder económico y político se hizo más directo y descarado.

Con una estructura productiva poco diversificada y tecnológicamente heterogénea, y con instituciones que conspiran contra la propia democracia, no hay camino al desarrollo. Así, de la larga práctica dominante del pensamiento conservador, parece que hemos llegado a su crisis terminal.

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